Comunicación empresarial

El rumor en el ideario de “El Gabo”

Antes de publicar este post pensé que haría algo novedoso al citar uno de los discursos que forma parte de la última obra del “Gran Gabo” titulada Yo no vengo a decir un discurso, pero al hacer una simple búsqueda en internet me di cuenta que centenares de personas lo pensaron antes que yo. Algo ingenuo de mi parte.

El rumor, que tanto se ha puesto de moda últimamente en mi país (Venezuela) y que tanto afecta a las organizaciones que tienen deficiencias en la forma como gerencian su comunicación (a lo interno y a lo externo), es el tema de esta oportunidad.

Más que definiciones y reflexiones, me tomo el abuso de citar una recreación impecable, tragicómica, de Gabriel García Márquez sobre el rumor en un discurso -por cierto que ofreció en la capital de Venezuela: Caracas, el 3 de mayo de 1970- titulado “Cómo comencé a escribir”:

… Imagínense un pueblo muy pequeño donde hay una señora vieja que tiene dos hijos, uno de diecisiete y una hija menor de catorce. Está sirviéndoles el desayuno a sus hijos y se le advierte una expresión muy preocupada. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella responde: «No sé, pero he amanecido con el pensamiento de que algo muy grave va a suceder en este pueblo».

Ellos se ríen de ella, dicen que ésos son presentimientos de vieja, cosas que pasan. El hijo se va a jugar billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el adversario le dice: «Te apuesto un peso a que no la haces». Todos se ríen, él se ríe, tira la carambola y no la hace. Paga un peso y le pregunta: «¿Pero qué pasó, si era una carambola tan sencilla?». Dice: «Es cierto, pero me ha quedado la preocupación de una cosa que me dijo mi mamá esta mañana sobre algo grave que va a suceder en este pueblo». Todos se ríen de él y el que se ha ganado el peso regresa a su casa, donde está su mamá y una prima o una nieta o en fin, cualquier parienta. Feliz con su peso dice: «Le gané este peso a Dámaso en la forma más sencilla, porque es un tonto». «¿Y por qué es un tonto?». Dice: «Hombre, porque no pudo hacer una carambola sencillísima estorbado por la preocupación de que su mamá amaneció hoy con la idea de que algo muy grave va a suceder en este pueblo».

Entonces le dice la mamá: «No te burles de los presentimientos de los viejos, porque a veces salen». La parienta lo oye y va a comprar carne. Ella dice al carnicero: «Véndame una libra de carne» y, en el momento en que está cortando, agrega: «Mejor véndame dos porque andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es estar preparado». El carnicero despacha su carne y cuando llega otra señora a comprar una libra de carne, le dice: «Lleve dos porque hasta aquí llega la gente diciendo que algo muy grave va a pasar, y se está preparando, y andan comprando cosas».

Entonces la vieja responde: «Tengo varios hijos; mire, mejor déme cuatro libras». Se lleva cuatro libras y para no hacer largo el cuento, diré que el carnicero en media hora agota la carne, mata otra vaca, se vende toda y se va esparciendo el rumor. Llega el momento en que todo el mundo en el pueblo está esperando que pase algo. Se paralizan las actividades y de pronto, a las dos de la tarde, hace calor como siempre. Alguien dice: «Se han dado cuenta del calor que está haciendo?». «Pero si en este pueblo siempre ha hecho calor.» Tanto calor que es un pueblo donde todos los músicos tenían instrumentos remendados con brea y tocaban siempre a la sombra porque si tocaban al sol se les caían a pedazos. «Sin embargo -dice uno-, nunca a esta hora ha hecho tanto calor.» «Sí, pero no tanto calor como ahora.» Al pueblo desierto, a la plaza desierta, baja de pronto un pajarito y se corre la voz: «Hay un pajarito en la plaza». Y viene todo el mundo espantado a ver el pajarito.

«Pero, señores, siempre ha habido pajaritos que bajan.» «Sí, pero nunca a esta hora.» Llega un momento de tal tensión para los habitantes del pueblo que todos están desesperados por irse y no tienen el valor de hacerlo. «Yo sí soy muy macho -grita uno-, yo me voy.» Agarra sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la calle central donde está el pobre pueblo viéndolo. Hasta el momento en que dicen: «Si éste se atreve a irse, pues nosotros también nos vamos», y empiezan a desmantelar literalmente al pueblo. Se llevan las cosas, los animales, todo. Y uno de los últimos que abandona el pueblo dice: «Que no venga la desgracia a caer sobre todo lo que queda de nuestra casa» y entonces incendia la casa y otros incendian otras casas. Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como en éxodo de guerra, y en medio de ellos va la señora que tuvo el presagio clamando: «Yo lo dije, que algo muy grave iba a pasar y me dijeron que estaba loca».

Acerca de Gabriel Patizzi

Me dedico al Branding Personal, Branding para emprendimientos y empresas. Ayudo y acompaño a personas/equipos a definir su propuesta de valor, darle sentido a sus proyectos, productos y servicios, así como a definir mensajes claves, para conectar con públicos objetivo y lograr capitalizar más oportunidades para su negocio.

Comentarios

6 comentarios en “El rumor en el ideario de “El Gabo”

  1. Buena analogía. Saludos cordiales.

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    Publicado por amadofuguet | 24/04/2012, 7:31 pm
  2. Amado gusto en verte por aquí. Siempre te leo ¡Saludos!

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    Publicado por @gabrielpatizzi | 24/04/2012, 10:19 pm
  3. Jajaja, me gustó. Así suele pasar en diversos escenarios.

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    Publicado por Génesis Gabriella | 08/05/2012, 9:04 pm
  4. Pueblo Chico, Chisme Grande : esta es parte đe la idiosincracia đ nuestro mexico querido. Fabulosa Lectura. gracias x compartirla.

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    Publicado por susygen | 09/09/2012, 11:42 am

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