Tu reacción ante las críticas y el hate dice más sobre ti y tu negocio que cualquier métrica

Tecla roja de un teclado de computadora con la palabra Hater escrita en blanco, representando el odio y las críticas en internet.

Hay algo que nadie te cuenta cuando decides construir una marca personal o un negocio propio: vas a recibir odio. No es una posibilidad. Es parte del paquete.

Y cuando digo “hate”, me refiero a eso que en el lenguaje de internet describe las reacciones hostiles, agresivas o despectivas que recibe alguien por el simple hecho de exponerse.

No es solo una crítica o un desacuerdo. El hate viene cargado de descalificación, de ataques personales, de gente que no busca debatir sino derribar. Es un término que nació en redes sociales, pero la actitud es vieja: siempre ha existido quien ataca al que se atreve a decir algo en público.

La diferencia es que ahora lo hacen en tus comentarios, a la vista de todos, y a veces con la cobardía del anonimato.

Y no hablo solo de trolls. Hablo de gente real, con nombre y apellido, que te escribe indignada, que te descalifica en comentarios, que te dice bruto con todas las letras.

Eso pasa. Y pasa más cuando tu contenido tiene una alta exposición. La viralidad tiene un lado amargo: por cada cien interacciones positivas, hay un grupo que llega con todo en contra. Es el costo de la exposición.

Pero este texto no va sobre cómo sobrevivir al hate ni a las críticas. Va sobre lo que tu reacción ante ellos revela de ti y de tu negocio.

El termómetro que no estás mirando

Cuando alguien critica lo que haces, lo que publicas o lo que propones, tu reacción es un diagnóstico. No del mundo, no de las redes, no de “la gente que no entiende”. Un diagnóstico tuyo.

Si una crítica te hace dudar de todo tu planteamiento, callarte, retroceder, dejar de publicar o cuestionar si lo que haces tiene sentido, eso no habla del que te criticó.

Habla de que tu modelo de negocio, tu propósito y tu discurso todavía no están consolidados. Les falta base. Y a ti, como la cara visible de ese proyecto, te falta recorrido.

Ojo: esto no es lo mismo que decir “no te debería afectar”. Claro que afecta.

Sí, duele. Y no pasa nada.

No voy a hacerme el duro. A mí me ha pasado.

Una vez envié un correo masivo para invitar a un evento gratuito que estábamos organizando desde mi consultora, que en ese momento se llamaba Conversa CE (hoy Marketing Propio).

El asunto del correo decía: “Eres incapaz de no aceptar esta invitación”. Mi intención era clara: la invitación era tan buena que no podías rechazarla. Nada más.

De una base de 6.000 personas, al menos 20 me escribieron indignadas. Me acusaron de llamarlas incapaces. Leyeron algo que yo nunca escribí, pero que para ellas era real.

Más recientemente, un clip de mi podcast “Nuevo Contrato es Contigo se viralizó en Instagram y TikTok. Hablaba sobre cómo cada nueva tecnología ha llegado más rápido a millones de usuarios: la radio, la televisión, Facebook, internet, ChatGPT. El punto era mostrar la aceleración.

Pero en los comentarios, la gente me descalificaba porque no mencioné que cada tecnología se apalancó en las anteriores. Me trataron casi de ignorante. El dato no era incorrecto; lo que pasó es que yo no estaba haciendo un podcast de tecnología, y ese contexto técnico no era el propósito de la pieza.

En el primer caso, ni me cuestioné. En el segundo, reconocí que el contexto podría haber sido más amplio, pero mi intención era otra y mantuve mi posición.

En ninguno de los dos me callé, ni dudé de lo que estoy construyendo.

Y ahí está la diferencia.

Brené Brown, en su libro “Frágil: El poder de la vulnerabilidad”, lo pone en palabras que me resultan exactas: “Esto duele. Esto es decepcionante, tal vez incluso devastador. Pero el éxito, el reconocimiento y la aprobación no son los valores que me mueven. Mi valor es el coraje, y acabo de ser valiente”.

Eso es resiliencia ante la vergüenza, según ella. Y yo agregaría: eso también es resiliencia ante el hate. No se trata de que no duela. Se trata de que el dolor no te haga soltar lo que estás construyendo.

El hate casi nunca es sobre ti

Algo que aprendí con el correo de las 6.000 personas: la gente consume tu contenido desde sus filtros. Desde sus dolores, sus prejuicios, sus experiencias. Cuando alguien lee “eres incapaz” y se siente atacado, no está reaccionando a lo que tú dijiste. Está reaccionando a lo que esa palabra significa en su historia.

Mucho del odio que recibes no es personal. Es gente hablando desde su vida. Y cuando entiendes eso, el golpe emocional se procesa de otra forma. No desaparece, pero deja de ser un terremoto.

La pregunta que sí importa

Entonces, la próxima vez que recibas una oleada de críticas o de hate, no te preguntes “¿por qué me odian?”. Pregúntate esto: ¿estoy dudando de mi mensaje o solo me dolió cómo lo recibieron?

Si te dolió pero sigues firme en lo que haces y por qué lo haces, estás bien. Eres humano. Sigue.

Pero si esa crítica te hace replantear todo, si te callas, si te anulas, si empiezas a pensar que quizás no deberías estar haciendo esto… entonces el problema no son los comentarios. El problema es que tu proyecto todavía necesita más base, más claridad, más kilómetros.

Y eso no es un insulto. Es una invitación a trabajar en lo que de verdad importa antes de preocuparte por lo que opinan los demás.

Porque las críticas y el hate van a llegar. La pregunta es si cuando lleguen, tú vas a seguir de pie.

Theodore Roosevelt lo dijo en 1910 y sigue vigente: “No es el crítico quien cuenta; ni aquel que señala cómo el hombre fuerte se tambalea. El reconocimiento pertenece al hombre que está en la arena, con el rostro desfigurado por el polvo, el sudor y la sangre”.

Brené Brown leyó esa frase y escribió un libro entero sobre ella. Yo la leo y pienso: tu arena es tu negocio, tu marca, tu contenido, tu causa. Y los que comentan desde el odio están en la grada. Que griten. Tú sigue en la arena.

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Mitchele Vidal
Mitchele Vidal
3 Meses Hacer texto

Qué buen post, gracias por escribirlo.

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