Solo hasta que terminé mi libro fue cuando decidí a hablar de él.
Mi familia se sorprendió; mis amigos se alegraron, pero uno en particular se molestó y hasta me reclamó.
El libro fue un proyecto que –entre planificación, redacción, edición, diseño e impresión– llevó un año. Y de mi círculo cercano solo lo sabía mi esposa, de resto: el equipo involucrado en la realización.
Me conozco, sé que mientras más enfocado esté y más energía invierta en hacer, es más seguro que concrete el proyecto. Cuando hablo demasiado, procrastino y termino abandonando.
Esto tiene explicaciones psicológicas, las conocí en días recientes.
El acto de hablar sobre tus proyectos tiene un impacto mental profundo que muchas veces se subestima.
Cuando compartes tus planes, tu cerebro experimenta una sensación de logro prematuro, como si el simple hecho de conversar al respecto fuera un sustituto de la acción.
Derek Sivers en su charla TED “Guárdate tus metas para ti” explica cómo el cerebro puede confundir el hablar con el hacer. Este fenómeno sirve como una advertencia práctica para aquellos que se encuentran persiguiendo sus metas.
La satisfacción prematura reduce la motivación para llevar a cabo el trabajo necesario para alcanzar tus objetivos.
Esta sensación, aunque temporal, puede ser lo suficientemente potente como para desviarte del camino hacia la realización. Al recibir el reconocimiento y el apoyo de otros antes de tiempo, puedes caer en la trampa de sentir que lo lograste, disminuyendo así el impulso y determinación.
Peter Gollwitzer, un psicólogo que ha estudiado cómo las personas pueden lograr sus metas, señala que las “intenciones de implementación” ayudan a las personas a superar las distracciones y mantener el enfoque en sus objetivos.
En este sentido, al no divulgar tus proyectos, puedes dedicarte a elaborar y ejecutar los planes con un enfoque claro, aumentando las posibilidades de concreción.
Haz, sin aislarte
La solución a este dilema no es el silencio total, pero haz más y habla menos.
¡Ojo! Esto no significa que debas aislarte para vivir a plenitud tus procesos creativos o empresariales, sino más bien elegir cuándo y con quién compartes los planes y progresos, si sientes la necesidad de hacerlo.
No pasa lo mismo con las Ideas
Es relevante diferenciar en este punto los planes y proyectos con las ideas. Mientras que los primeros se benefician de un enfoque más reservado y una ejecución silenciosa, las ideas pueden, y de hecho, deben ser compartidas.
Compartirlas sirve de catalizador para la innovación y la colaboración. Se obtienen nuevas perspectivas y oportunidades de mejora.
Las ideas de negocio “rompedoras” son las que resuelven problemas existentes en un grupo de personas o sector, son las que satisfacen alguna necesidad que hasta ahora no ha sido atendida.
La única manera de validar que lo que tienes en mente corresponde con alguna de las dos opciones antes mencionadas es compartiendo parte de lo que quieres hacer y –luego– escuchando a quienes podrían ser tus potenciales clientes.
No hacerlo, aumenta las posibilidades de un fracaso (estrepitoso) no anunciado.
La sinergia generada al compartir tus ideas puede potenciar la creatividad y abrir puertas a nuevas posibilidades, enriqueciéndolas, transformándolas y convirtiéndolas en una solución más potente.
Ante todo lo que te comparto en esta oportunidad, la clave podría estar en encontrar el equilibrio correcto entre compartir para innovar y guardar silencio para lograr.
Si te identificaste con este aporte, cuéntame cómo haces para avanzar.
Si te generó dudas lo que dije sobre los proyectos e ideas… cuéntame igual.
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